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Franco no habría ganado la guerra civil sin la ayuda de Hitler y Mussolini

Soldados y campesinos cordobeses atrincherados en agosto de 1936 en el frente de El Carpio en la provincia de Córdoba.

Soldados y campesinos cordobeses atrincherados en agosto de 1936 en el frente de El Carpio en la provincia de Córdoba.


Treinta y cinco años de dedicación continuada a la investigación hacen de Francisco Moreno Gómez uno de los historiadores españoles más solventes y rigurosos a lo largo de sus múltiples trabajos sobre los maquis, sobre la guerra y la represión en su provincia natal de Córdoba y ahora sobre la guerra pura y dura en un libro denso -Trincheras de la República. La gesta de una democracia acosada por el fascismo, editorial El Páramo- donde rinde homenaje a la cualificación y la combatividad de los soldados republicanos.
Moreno Gómez es catedrático de instituto ya jubilado y pertenece a esa importante saga de investigadores que ha tirado del carro de la historiografía al margen del academicismo universitario. Considera que las estimaciones sobre las víctimas tanto de la guerra en los combates como de la represión se quedan cortas porque sigue sin aflorar la cifra exacta de desaparecidos. "En los frentes de batalla pudieron morir no menos de 300.000 combatientes en toda España y, tan sólo en la provincia de Córdoba, he podido documentar casi 12.000 víctimas de esa catástrofe humanitaria causada por el golpe militar franquista. Pero son datos mínimos, el máximo no se sabrá nunca. De ahí la enorme importancia de investigar, como sugiere el Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU".
No es habitual en la historiografía actual que se reconstruyan batallas, pero Francisco Moreno lo hace aportando mucha información, incluso planos de situación que facilitan el entendimiento sobre la evolución de las campañas bélicas. Una de ellas -no muy conocida- es la última gran batalla de la contienda española, que se libró entre las provincias de Córdoba y Badajoz, entre enero y febrero de 1939, cuando nadie dudaba ya de que la guerra civil estaba perdida para la República. En efecto, en la batalla de Córdoba-Extremadura intervinieron más de 160.000 combatientes (92.500 del ejército republicano y 72.000 del bando franquista). Hubo 30.000 bajas y 10.000 muertos: 8.000 militares republicanos y 2.000 sublevados. Moreno Gómez explica así el sentido de aquella postrera gran batalla: "Los republicanos rompieron el frente, lo que causó gran alarma en el cuartel general franquista. La República quiso demostrar que no se rendía dando ejemplo de coraje y dignidad". El historiador cordobés recuerda la clave de la victoria franquista y se muestra categórico: "Cuando las fuerzas se equiparaban, la ayuda extranjera de Hitler y Mussolini deshacía el empate. De no haber sido por la ayuda del Eje Roma-Berlín, Franco no gana la guerra. La cualificación y la combatividad de los republicanos no ha sido valorada en su justo término".
El autor se detiene en determinados episodios de la guerra civil como el que sigue a la caída de Málaga en poder de las tropas franquistas en febrero de 1937. La ciudad se convirtió en una auténtica ratonera, donde decenas y decenas de personas eran fusiladas cada noche en las tapias del cementerio de San Rafael, que alberga el segundo conjunto de fosas comunes más importante de Europa con casi 5.000 esqueletos, después de Sebrenica, en Bosnia Herzegovina. "Se organizaban matanzas de prisioneros todas las noches. Decían: A ver que salgan los de la celda 21 y cargaban el camión rumbo al cementerio". Pero no sólo eran asesinados los malagueños, sino también los andaluces llegados semanas y meses antes a una ciudad colapsada que duplicaba su población por la presencia masiva de refugiados huyendo de la represión rebelde. Moreno documenta bastantes ejemplos de llegadas de grupos de falangistas de pueblos del occidente andaluz en manos golpistas "que iban a cazar a sus paisanos", para detenerlos, llevárselos a sus localidades de origen y allí matarlos. "O por el camino de vuelta, como pasó con un grupo de republicanos de Morón, que fueron fusilados en La Puebla de Cazalla".

La "carretera de la muerte"

Las cien mil personas, en su mayoría civiles, que se encaminaron apresuradamente hacia Almería por la carretera de la Costa durante los días siguiente a la toma de Málaga, tenían plenamente justificados sus temores y padecieron el ataque continuado de los sublevados: por aire bombardeados y ametrallados por la aviación italiana y desde el mar cañoneados por la marina rebelde. El médico canadiense que auxilió con su ambulancia a cientos de huidos por aquella "carretera de la muerte" considera que aquello fue el mayor crimen de guerra en España, más que las matanzas de Badajoz y que el bombardeo de Guernica. "Estamos hablando de casi cinco mil muertos", comenta Francisco Moreno, aclarando que "en la República nunca se ametralló a los civiles que huían de los pueblos por miedo a la represión, cosa que el franquismo hizo masivamente en Málaga, pero también en 1938 en el cierre de la bolsa de La Serena y en Don Benito (Badajoz), y durante la evacuación de de Tarragona en enero de 1939, como bien recogió Robert Capa en sus fotos. Es la criminalidad de guerra de que se ocupa la justicia universal".
Otro aspecto de la guerra escasamente abordado en el que se detiene moreno Gómez es el de los "niños o hijos de la noche", un original fenómeno de grupos de guerrilleros que hacían peligrosas incursiones nocturnas al otro lado del frente, en la retaguardia enemiga para realizar acciones de sabotaje, para liberar detenidos, para robar ganado y víveres y para ataques sorpresa. "Formaron en todo el frente -dice Moreno Gómez- el 14º cuerpo guerrillero, estructurado y comandado por el jienense Domingo Hungría, que tenía su sede principal en Villanueva de Córdoba, con sedes también en Granada, Badajoz, Alcalá de Henares, y un centro de entrenamiento en Benimámet (Valencia)". Estos grupos de guerrillas, que progresivamente fueron recibiendo apoyo de técnicos extranjeros, principalmente soviéticos, efectuaron acciones de guerra importantes, como la voladura de un tren militar cargado de soldados italianos y la liberación de 300 presos republicanos en el fuerte de la localidad costera granadina de Carchuna. Los guerrilleros del frente sur (entre Córdoba y Extremadura) sumaron durante la contienda 239 sabotajes, 17 emboscadas, 6 incursiones, 87 trenes descarrilados, 112 vehículos destruidos y 2.300 bajas enemigas, entre muertos y heridos, con tan sólo 14 muertos propios, según precisa el investigador Francisco Moreno en su libro Trincheras de la República. Asegura que la voladora de un puente en la carretera de Peñarroya y Córdoba inspiró al mismísimo Hemingway para el argumento de su novela Por quién doblan las campanas.

La 'Noche de los Cristales Rotos' y la historia de la relación entre judíos y Alemania

  • Se cumplen 75 años del pogromo al que siguió el Holocausto
  • Muchos alemanes alentaron el saqueo y persecución de los judíos
  • La política de Alemania sigue hoy muy marcada por esos hechos

"Aquella noche vi arder la sinagoga desde la ventana de mi casa, cuando ya nos íbamos a la cama. Luego vinieron unos hombres, nos sacaron a la calle, registraron la casa, sacaron todas las cosas de los armarios y las tiraron por el suelo; se llevaron a mi padre. Mi madre, mi hermana, mi hermano y yo estuvimos tres semanas sin saber qué había sido de él. Luego nos enteramos de que estaba trabajando como esclavo en el campo a unos kilómetros de Köningswerg. Después, a mí me llevaron a trabajar como esclava a una fábrica de jabón y a ellos también al campo. Cada poco veía transportes que se llevaban a vecinos y conocidos a los campos de concentración. Nunca los volví a ver".
Rechama Drober, ahora ciudadana del Estado de Israel, nos cuenta los recuerdos de aquella noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 en la entonces Königsberg, una ciudad alemana de la Prusia profunda que hoy es la rusa Kaliningrado. Tenía seis años, pero sus recuerdos parecen estar muy vivos: "Cuando me quedo sola en casa inevitablemente me vienen siempre esos recuerdos. Cuando es así, sé que después voy a tener pesadillas".
Ya quedan pocos testigos directos de aquella noche que ha pasado a la historia como La Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht o La Noche del Pogromo).
Todo empezó en París. Esa podría ser una buena forma de comenzar una novela. En realidad, todo había empezado mucho antes en Alemania. Hitler y su banda querían eliminar a los judíos de la faz de la tierra.

Permisos de residencia

En agosto de 1938 cancelaron todos los permisos de residencia para extranjeros obligando a todos a pasar por la ventanilla para renovarlos. Los judíos de origen extranjero --la mayoría polacos-- estaban incluidos en la medida, aunque llevaran décadas viviendo en Alemania.
El 28 de octubre de 1938, por orden de Hitler, 17.000 judíos de origen polaco fueron sacados de sus casas, transportados hasta la frontera con Polonia. Polonia no quiso aceptarlos. Durante semanas estuvieron bajo la lluvia y el frío en tierra de nadie.
Entre ese grupo de deportados estaba la familia Grynszpan. Uno de sus hijos, Herschel, de 17 años, se salvó porque estaba en París con su tío. A primeros de noviembre, Herschel --y su tío-- recibieron una postal de su hermana que les contaba la situación desesperada que estaba viviendo toda la familia en la frontera de Polonia y Alemania.

Asesinato en la embajada de París

El 7 de noviembre, Herschel escribió una carta: "Queridos padres, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me perdone. Mi corazón sangra cuando oigo hablar de la tragedia de 17.000 judíos. Debo protestar para que el mundo entero escuche; me veo obligado a hacer lo que voy a hacer. Perdónenme, Herschel".
Herschel se las había apañado para comprar un revólver. Se dirigió a la embajada alemana, pidió ver a un alto funcionario y cuando tuvo delante al secretario de la embajada, Ernst von Rath, le disparó tres tiros en el abdomen.
Von Rath no murió inmediatamente. En el hospital certificaron que era grave, pero que no corría peligro de muerte. Hay pruebas de que von Rath probablemente habría salido de aquella. Pero Hitler había encontrado el motivo que necesitaba. Por orden directa de Hitler, se dejó de suministrar a von Rath los cuidados médicos que necesitaba y el 9 de noviembre murió. Todos los judíos eran ya culpables de asesinato.
La noche de la venganza había comenzado. Los esbirros con los uniformes marrones de las SA, las tropas paramilitares se lanzaron a la caza del judío. 1574 sinagogas judías, casi todas las de Alemania, ardieron. 7.000 tiendas judías fueron saquedas. Miles de domicilios asaltados. 30.000 judíos fueron arrastrados hacia los campos de concentración que sirvieron de modelo después, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald. Aquella misma noche murieron 100, tiroteados o apaleados.

Espiral de violencia

Muchos ciudadanos alemanes alentaban e incluso apoyaban a los de las casacas marrones en su búsqueda del Jude. Otros, simplemente contemplaban el espectáculo desde primera fila, aplaudiendo entusiasmados, mientras se llevaban a los judíos en camiones y las sinagogas ardían ante la pasividad de los bomberos, que sólo cuidaban de que las llamas no afectaran a otras casas.
Solo en el caso de la nueva sinagoga de Berlín un bombero alemán apagó las llamas a tiempo y por eso tiene ahora una placa. La vieja sinagoga de Berlín, en la parte Oeste, se había salvado de las llamas por la noche, quizá por su imponente arquitectura. Goebbels en persona ordenó incendiarla por la mañana. Isaac, entonces un niño, recuerda ver entrar a mucha gente, sacar cosas, tirarlas y luego antorchas, antes de que fuera pasto de las llamas.
En la recién anexionada --por aclamación popular-- Austria, ocurría lo mismo. A los judíos se les obligó a fregar con pequeños cepillos las calles de la imperial Viena mientras los arios los rodeaban y se mofaban de ellos antes de enviarlos a Mautthausen.
Fue el comienzo de "la solución final", como Adolf Eichmann llamó, tres años después, al encargo de Himmler, Goering, Goebbels y Hitler de eliminar a los judíos de los territorios del III Reich.
El Holocausto no sólo afectó a los judíos. 12 millones de personas, la mitad judíos, pero también gitanos, homosexuales, discapacitados, izquierdistas, comunistas, prisioneros soviéticos, murieron en los campos de exterminio.

Los judíos, hoy

Han pasado 75 años desde 9 de noviembre de 1938. Ahora mismo, en Alemania viven aproximadamente 200.000 judíos, muchos llegados no hace muchos años, tras la caída de la Unión Soviética. Es casi el número de judíos que tenía sólo Berlín en 1938.
Es difícil encontrar un judío, aunque haya nacido aquí, que diga abiertamente que su patria es, secillamente, Alemania. Para los que tienen una cierta edad es sencillamente imposible asumir que Alemania es su patria; como mucho, hay un sentimiento de "doble nacionalidad", de sentirse alemán y ruso, alemán y ucraniano, alemán e israelí, alemán y... judío.
Alemania es uno de los más fieles aliados del Estado de Israel. Se siente en deuda con el pueblo judío y se lo paga con esa alianza política sin fisuras. Pocos políticos se atreven a criticar al Gobierno de Israel. Corren peligro de ser tachados de antisemitas. Pero es que es muy difícil criticar las actuaciones del Gobierno israelí de turno sin caer en clichés antisemitas. Es muy difícil criticar al gobierno israelí sin acercarte peligrosamente a lo que predica la extrema derecha neonazi, que, a su vez, está peligrosamente cerca a lo que predican los islamistas radicales.
Una manifestación palestina en el centro de Berlín: hay gritos contra los asentamientos judíos en Cisjordania, contra las incursiones de venganza israelí por los cohetes de Hamas. Un policía dice: "Las manifestaciones contra el Estado de Israel están prohibidas, los gritos contra el Estado de Israel en las manifestaciones están prohibidos, pero no están prohibidos los gritos que acusan al Gobierno israelí de "asesinar niños palestinos".

Mitos y realidades del antisemitismo

Lo difícil que es distinguir el antisemitismo de las críticas legítimas al Gobierno de Israel lo pudo comprobar Günter Grass cuando compuso un poema advirtiendo del peligro para el mundo que Israel tenga la bomba atómica. ¿No le parece a Grass un peligro que la tuviera Irán?, se preguntaban muchos. ¿Le parece a Grass más peligroso un estado democrático que la pléyade de dictaduras medievales del mundo islámico?
"Naturalmente que hay antisemitismo en la sociedad alemana", nos dice el doctor Wolfgang Benz, quizá el investigador más destacado sobre el antisemitismo. "Está incrustado en el centro de la sociedad. Lo que ocurre aquí, a diferencia del resto de países de Europa, es que aquí no se puede demostrar públicamente, porque te perjudicará en tu carrera. Pero hay antisemitismo implícito en el lenguaje, en los textos, por ejemplo cuando se habla de todo el conflicto en la costa Este (del Mediterráneo), cuando se dice que "los judíos dominan la bolsa de Nueva York" o cuando se critica al Estado de Israel por ser judío, no al Gobierno israelí".
Todavía hoy, y lo recordaba la canciller Angela Merkel en su mensaje de vídeo de esta semana, cada institución, cada organización judía, escuela, librería, sinagoga..., necesita de protección policial. "Cuesta creerlo, pero es verdad", decía Angela Merkel.

La evolución del espionaje en la Historia: la «profesión» más antigua del mundo



El desarrollo del espionaje ha ido estrechamente ligado al desarrollo de los pueblos, de los imperios y posteriormente de los estados. El espionaje ha marcado la guerra, y el desarrollo de ésta ha marcado la Historia.

En el tercer milenio a.C ya se encuentran las primeras muestras de la utilización del espionaje. En Mesopotamia, cuando Sargon I de Acad controlaba un importante territorio entre el Mediterráneo y el Golfo Pérsico, creo una red de espías utilizando mercaderes que le informaban de las características de los territorios y las civilizaciones que pretendía dominar.

En el Imperio chino encontramos el primer tratado militar en el que se hacen referencias al espionaje: el Arte de la guerra, de Sun Tzu, trata en alguno de sus pasajes sobre la importancia que tiene el conocimiento y la información antes de presentar batalla.

Andando el tiempo, la historiografía griega y el cine contemporáneo nos han enseñado como los griegos utilizaban el espionaje, pero como lo hacía también el imperio persa. Es en este periodo cuando empiezan a desarrollarse sistemas consistentes en el cifrado de los mensajes. Se daba de esta forma un paso más allá en los métodos empleados hasta ahora, que no consistían más que en infiltrar explroadores en las filas enemigas. 
 


Uno de los primeros ejemplos de códigos criptográficos de los que se tiene conocimiento es la escítala espartana. En el libro «Breve historia del espionaje» el filólogo Juan Carlos Herrera Hermosilla explica en que consistía ésta técnica: se cortaban dos trozos de madera con el mismo diámetro y grosor, de manera que los cortes coincidiesen al milímetro entre sí. Posteriormente, en una cinta de cuero, se escribía el mensaje longitudinalmente. Éste solo era legible si estaba enroscado en el tronco de madera. Al mensajero se le entregaba una cinta de cuero, utilizada a menudo como cinturón. Al llegar al destinatario, el mensajero entregaba el cinturón y al enrrollarse en un escítalo de las mismas dimensiones el mensaje se hacía comprensible. Por contra, si el mensajero era interceptado, no había modo de descifrar el contenido.
 
Hasta la llegada de la tecnología, el espionaje se sustentaba en el trabajo de exploradores y en la capacidad de cifrar los mensajes Roma, el mayor Imperio de la Historia tampoco fue ajeno al uso del espionaje para decantar la balanza de la guerra a su favor. En la segunda guerra púnica, cuando Roma se vio amenazada por Anibal, que pasaría a los análes como el gran enemigo de su historia, solo un general pudo derrocarlo: Publio Cornelio Escipión, conocido como El Africano. Escipión logró derrotar a Anibal en el año 202 a.C en la definitiva batalla de Zama, tras haber llevado la guerra a África, obligando a Anibal a salir de la península itálica y abandonar la incesante amenaza sobre la ciudad de Roma. En esa última contienda jugó un papel fundamental el ataque preventivo que Escipión realizó sobre el campamento de Sifax, el rey de Numidia aliado de Anibal. El general romano envió unos emisarios a parlamentar con el númida. En esa legación infiltró una serie de centuriones disfrazados como esclavos. Para dotar de más credibilidad a la treta, los legados de Escipión aprovecharon alguna excusa para golpear a los esclavos. Durante las negociaciones, los esclavos deambularon por el campamento y acapararon información sobre la disposición de las tiendas y de las tropas. Esos datos convencieron a Escipión de lanzar un ataque nocturno que destrozó la poderosa caballería númida, diezmando así el ejército cartaginés, superior en número al romano.

Con la llegada de la Edad Media, se generalizó el papel de los agentes en las cortes imperiales, que en la mayoría de las ocasiones eran el embajador y su séquito. No obstante, en el Imperio español se puede hablar ya de un sistema de espionaje profesionalizado y centralizado. El Consejo de Estado, que era el encargado de nombrar a los embajadores en el extranjero y que era supervisado por el secretario de Estado, jugaba un papel fundamental. Inmediatamente por debajo de éste se creó un cargo de renombre: espía mayor de la corte y superintendente de las inteligencias secretas. La primera persona en ocupar el puesto fue Juan Velázquez de Velasco, en 1598. Aunque el cargo estuvo oficializado poco más de medio siglo, su creación da pistas sobre la existencia de unos métodos jerarquizados y siempre cercanos al poder.
La modernidad generaliza el «pinchazo»

A finales del Siglo XIX, Otto Von Bismarck tejió una serie de alianzas que dibujaron el dominó europeo que con la caída de una de las piezas dio lugar a los bandos enfrentados de la I Guerra Mundial. Ese escenario prebélico y la posterior contienda internacionalizaron el uso del espionaje, convirtiéndolo en actividad fundamental de la actuación política.

Es en esta contienda y en los años previos cuando se generaliza la utilización de los últimos avances tecnológicos por parte de los servicios de espionaje. Fotografía, radiotelégrafo o teléfono empiezan a estar en el punto de mira. No obstante, la interceptación de las comunicaciones es tan antigua como la propia existencia de las tecnologías más avanzadas. De hecho, en el año 1862, en plena guerra civil, Abraham Lincoln autorizó el control sobre la infraestructura de telégrafo americano. Desde su departamento se detuvo a periodistas e incluso se censuraban envíos.

En este tiempo comienza a generalizarse el sistema de los dobles agentes, que alcanzará su máximo esplendor en tiempos de la Guerra Fría. Así, a finales del siglo XIX la Rusia de los zares creó la que terminaría por ser una de las agencias de inteligencia más eficaces: la Okhrana se creó el 14 de agosto de 1881, tras el asesinato del zar Alejandro II de Rusia. Aunque al principió surgió como servicio de seguridad de la familia real, poco a poco se convirtió en una auténtica policía secreta dedicada a desenmascarar y oprimir movimientos revolucionarios. En este contexto nos encontramos con el personaje de Evno Azev, que llegó a ocupar algún puesto importante en las filas revolucionarias socialistas, a la vez que trasladaba información a los mandos de la Okharana. Organizaba atentados y a la vez los abortaba trasladando la información al centro de inteligencia. Fue precisamente una red de contraespionaje tejida dentro del partido soialista la que lo delató, obligando a Azev a exiliarse en Berlín.
La época de los dobles agentes

El ejército alemán comenzó a utilizar desde comienzos de la década de 1930 un encriptador propio, la máquina «Enigma», con una tecnología de cifrado rotatorio, tanto para cifrar como para descifrar mensajes. Se trataba de una máquina muy ligera, apenas superaba los diez kilos de peso lo que permitía trasladarla a zonas de combate, ganando fluidez en el envío de las comunicaciones. Como en este apartado la armada estadounidense carecía de un sistema tan funcional, los sistemas tradicionales eran fácilmente interceptdos por las tropas japonesas durante las contiendas del Pacífico en la II Guerra Mundial. Así, se propusó la utilización de lenguas de los indios nativos estadounidenses. El profesor Hermosilla explica en su libro que se eligió la lengua de los indios navajos porque no había ningún especialista japonés o alemán que la hablase.

La Guerra Fría, caracterizada como un periodo de tensión política permanente, abonó el terreno para la denominada como «edad de oro» del espionaje. La amenaza permanente de un conflicto militar, en una dimensión atómica, la confrontación económica y la propaganda ocuparon el centro de la confrontación entre bloques antagónicos. En ese escenario, el espionaje jugó un papel fundamental. La evolución tecnológica fue poniendo al servicio de inteligencia nuevos artilugios, pero siguieron gozando de mucho protagonismo los dobles agentes. Los espías infiltrados en territorio enemigo fueron el objetivo de las investigaciones de la CIA y el KGB. Es memorable el episodio conocido como «caza de brujas» del senador Joseph McCarthy, que lideró un proceso de investigación sobre presuntos simpatizantes del comunismo. Periodistas, militares y funcionarios fueron entonces investigados.

En 1947 el presidente Truman presentó una Ley de Seguridad Nacional que establecía la creación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Los fallos en la inteligencia que habían impedido que se conociesen con antelación los planes japoneses de atacar Pearl Harbor (1941). Una de las primeras actividades de la CIA, en colaboración con el MI-6 británico, para intervenir las comunicaciones telefónicas de las oficinas soviéticas en Berlín. Aún alejados de los conceptos informáticos más avanzados de nuestros días, para llevar a cabo esta operación se procedió a cavar un túnel durante seis meses de modo clandestino y a pinchar los cables. Durante los cerca de doce meses que la operación estuvo en marcha se grabaron un millón de conversaciones del ejército soviético.Sin embargo, el KGB contaba con un agente infiltrado en el MI-6 británico, lo que permitió a los comunistas estar al tanto de la operación occidental desde el primer momento. De tal modo, las fuerzas germanas del este tuvieron la posibilidad de manipular e intoxicar la información que le llegaba a la CIA.

Los agentes soviéticos infiltrados truncaron en más ocasiones los planes norteamericanos. La más memorable fue la infiltración en las oficinas que la CIA tenía en Guatemala, desde donde se preparó el asalto a la bahía de cochinos, con el que se pretendía provocar un levantamiento popular en Cuba contra el regimen de Castro. Los espías soviéticos trasladaron los pormenores del plan a las autoridades cubanas, lo que anuló el factor sorpresa del plan estadounidense conduciéndolo al fracaso. En los años 70, todos los avances en el ámbito del espionaje desde micrófonos ocultos hasta teléfonos pinchados se pusieron al servicio del espionaje político en el escándalo más famoso en el mundo: el caso Watergate. Un caso que cercó al presidente Nixón, acusando a siete estrechos colaboradores de espionaje telefónico.
El «Gran Hermano» global

Fue también en estos años cuando la tecnología convirtió el espacio en terreno de batalla. En 1971 Estados Unidos puso en órbita por primera vez su «Big Bird», un satélite de reconocimiento para recabar información y que estuvo en funcionamiento hasta 1986. El espionaje espacial de los soviéticos se sustentó en los satélites Yantar. Estos ejemplos fueron el embrión de un marco de espionaje espacial mejorado, con nuevos sistemas de resolución y captación de información.

Pero en los últimos tiempos, lo que se ha revelado como algo letal para los servicios de inteligencia ha sido un concepto ajeno a la evolución tecnológica y perfectamente medieval: la traición humana. Edward Snowden, Shu Quan-Sheng o Aldrich Hazen Ames han sido los héroes o villanos, según la óptica que lo mire, que han utilizado su posición privilegiada en los servicios de información para tirar de la manta.

Pero el gran nombre propio del espionaje global es ECHELON, un sistema desarrollado por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. El proyecto cuenta con más de 120 satélites y estaciones de tierra desde la que es capaz de rastrear las comunicaciones a través de internet. Este sistema ha sido fundamental en la denominada «guerra contra el terror» que Estados Unidos emprendió tras los atentados del 11 de septiembre. Se estima que ECHELON intercepta más de tres mil millones de comunicaciones cada día.

La vuelta de tuerca a este programa de inteligencia es el que ha levantado las alarmas de la sociedad civil es una de las aristas de ECHELON. El conocido como proyecto PRISMA salió a la luz pública este mismo año, y consiste en la captura de datos de los servidores de las principales compañías tecnológicas del mundo como Google o Facebook. Aunque las compañías se alejan del colaboracionismo y apuestan por presentarse como una víctima más, revelaciones de la NSA las presentan como participantes activos en el feedback con los servicios de inteligencia. El útlimo capítulo del espionaje ha superado las fronteras políticas y militares paras amenazar los derechos civíles individuales. La evolución y perfeccionamiento en las técnicas de una actividad tan antigua como la Historia misma amenaza ahora con vulnerar los derechos que esa misma evolución nos ha otorgado.