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Un vertedero con basura de la realeza brasileña, elevado a tesoro arqueológico



Un vertedero del siglo XIX ha desvelado en Río de Janeiro un gran tesoro arqueológico con cientos de miles de piezas, incluido un cepillo con una alusión al emperador Pedro II, las cuales arrojan luz sobre las costumbres más mundanas de la élite de la época de la independencia de Brasil.

Los arqueólogos catalogaron cerca de 200.000 objetos en buen estado de conservación en seis meses de trabajo y creen que podrán recuperar hasta un millón de piezas, en el que podría ser uno de los mayores hallazgos arqueológicos de Brasil, según dijo a Efe el responsable de las excavaciones, Cláudio Prado de Mello.

En el acervo de piezas encontradas figuran restos de cosméticos franceses, agua mineral importada de Inglaterra y un frasco de colonia con una curiosa inscripción en portugués que podría traducirse como 'Antifetidez'.

También hay platos y vasijas de cerámica, botellas de licores y agua, pipas con restos de tabaco, potes de porcelana con ungüentos y frascos con líquido en su interior, que podrían ser productos medicinales, según los arqueólogos.

"Los frascos de perfume tenían una estética propia, con figuras y animaciones. Estos son más simples, lo que remite a productos de herbolario o de farmacia", explicó Mello, aunque la solución al enigma solo se resolverá con la ayuda de análisis de laboratorio.

Uno de los objetos más "importantes" hallados en el antiguo vertedero es un cepillo de dientes con mango de marfil, ya sin cerdas, con una inscripción en francés que dice "Su majestad el emperador de Brasil", lo que en opinión de Mello indica que perteneció a Pedro II o a algún miembro de la familia real"muy próximo a él".

También se encontraron algunos artículos más recientes, de inicios del siglo XX, como una botella de brandy con forma de torero, cuya etiqueta intacta muestra que fue embotellada en la ciudad española de El Masnou(Barcelona).

Las excavaciones más profundas llevaron a encontrar objetos de hasta el siglo XVII, entre ellos, algunos de manufactura indígena, como un raspador de sílex y una pipa hecha con un cuerno, que contrasta con otras pipas muy diferentes que pertenecieron o a los colonizadores europeos o a los esclavos africanos.

Las europeas van desde simples cachimbas de caolín hasta otras más elaboradas con cabezas de personajes talladas, mientras que las de los esclavos estaban decoradas con grafismos que se corresponden con las escarificaciones o marcas corporales que se tatuaban las tribus africanas.

Los objetos encontrados son "básicamente basura", aunque tienen "una dimensión arqueológica muy grande" porque revelan detalles mundanos que se desconocían hasta ahora, que permitirán estudiar aspectos como la tecnología de la época o hasta las relaciones comerciales, según Mello.

"En aquella época no existía un sistema de recogida de basura. Las personas la enterraban en sus patios o pagaban a un esclavo para llevarla a algún lugar. Esta era un área anegable y la Alcaldía tenía interés en aterrarla, por eso la gente arrojaba materiales aquí", relató el arqueólogo.
Un descubrimiento casual

El antiguo vertedero quedó enterrado también bajo escombros de viviendas y de cerros que fueron arrasados con motivo de los planes de urbanización acometidos entre 1870 y 1920 en la entonces capital brasileña, conocidos por los historiadores como "la era de las demoliciones".

El terreno, a pesar de estar en pleno centro de Río, por suerte quedó baldío, primero al quedar junto al ferrocarril, a las puertas de la estación de tren de Leopoldina, hoy abandonada, y después, al ubicarse bajo el trazado de una carretera elevada sobre un viaducto.

Los arqueólogos hicieron el descubrimiento a comienzos de este año, cuandose iniciaron en el lugar unas obras relacionadas con la expansión del metro.

Debido a esas obras, que se alargarán hasta el 2016, los arqueólogos han tenido que interrumpir las excavaciones y tendrán que esperar tres años para volver a abrir las zanjas.

Entonces proseguirán con los trabajos para recuperar la "basura" de los herederos de la Casa de Braganza, la dinastía portuguesa, en los años que hicieron de Brasil un Imperio, quienes no se imaginaban el valor que tendrían sus desechos.