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Carlos IV, el rey cornudo

Nace en Portici, Nápoles el once de noviembre de 1748. Era hijo de Carlos III y de María Amelia de Sajonia.

Cuadro de la familia de Carlos IV de Francisco de Goya
Carlos III no pudo aguantarse ante la simpleza del razonamiento de su hijo y le respondió “Carlos, Carlos, que tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío
Pasó su infancia en Italia, donde su padre Carlos III era en aquellos momentos rey de Nápoles. Tenía un carácter débil y una voluntad mínima, además de altibajos en su humor.
Sin grandes dotes intelectuales, si tenía facilidad para el estudio de los idiomas, la música y la pintura. Tenía grandes habilidades para la realización de manualidades.
En ocasiones disfrutaba riendo y gastando bromas con los trabajadores de las caballerizas reales. A veces realizaba combates de lucha leonesa con los mozos de las caballerizas. Pero mientras que un día mostraba alegría y se reía con chistes, al día siguiente, por su cambio de humor, recibía a los mozos a patadas y salivazos, haciéndoles besar su mano y sus zapatos.
Carlos III era consciente de las limitaciones intelectuales de Carlos IV, y no dudaba en decírselo. Un día que estaban comentando la preparación de su boda, Carlos III le recordó la posibilidad que todo hombre tiene de sufrir alguna infidelidad. Carlos IV, le dijo muy seguro de sí mismo “Pienso que los reyes están libres de las preocupaciones que tienen el resto de los maridos porque sus esposas no les pueden engañar con otras, ya que una reina no tiene otro rey cerca más que su esposo”. Carlos III no pudo aguantarse ante la simpleza del razonamiento de su hijo y le respondió “Carlos, Carlos, que tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío”.
María Luisa había comunicado a su confesor, Fray Juan de Almaráz “Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España”
Blanco White definía a Carlos IV como un hombre de nobles ideales, pero que carecía de más mínimo sentido político, pensaba que Carlos IV era “un divino tonto”.
Otro hecho que nos da reflejo de la poca capacidad de Carlos IV se produjo en medio de una fiesta que daba la Corte, el príncipe de Asturias pregunta a Carlos III “Padre, hay una cosa que no comprendo… Si todos los reyes somos designados por la gracia de Dios ¿Cómo pueden existir malos reyes?¿No deberían ser todos buenos reyes?” Carlos III mira a su hijo y le contesta “Pero que tonto eres, hijo mío”.
Físicamente tenía una nariz larga y gruesa, la frente huidiza, la tez sonrosada, la cabeza pequeña con unos ojos grandes, que le daban una mirada asustada, además de bonachona, que le hacían tener el aspecto de un rey simplón e incapaz. Era un gran cazador, lo que hizo que tuviera unas piernas musculadas y potentes, así como una figura esbelta que con el paso de los tiempos iría perdiendo.
El francés Desdevises du Dezeut describía de forma muy grafica a Carlos IV “Era de elevada estatura y de aspecto atlético; pero su frente hundida, sus ojos apagados y su boca entreabierta señalaba a su fisonomía con un sello inolvidable de bondad y debilidad”.
Se levantaba muy temprano, a las cinco de la madrugada, rezaba y oía en sus aposentos dos misas diarias. A las seis de la mañana se dedicaba a la lectura de obras piadosas para posteriormente tener un potente desayuno. Como anteriormente he citado, era un enamorado de las manualidades, destacando en la manipulación de los relojes. Comía siempre a las doce del mediodía.
Su otra gran afición fue la caza, y para realizarla contaba con una amplia colección de armas, teniendo a su servicio los mejores armeros del país. Salía a cazar a la una del mediodía sin importarle la climatología y no regresaba al palacio hasta el anochecer. Tan sólo dejaba de salir a cazar los dos días anteriores de Pascua o cuando había alguna procesión importante.
Después de su jornada de caza, era cuando atendía sus obligaciones regías y durante media hora recibía a los ministros. Posteriormente, se dedicaba a jugar a las cartas o a audiciones de violín del que era muy aficionado. Después de una potente cena, se iba a la cama a las once de la noche.
Sentía una gran afición por la música de Bocherini. Era un violinista aficionado. Carlos IV compró en 1775 el cuarteto de instrumentos Stradivarius que se conservan actualmente en el Palacio Real de Madrid. Se rodeó de un entorno musical que estaba dirigido por el violinista y compositor Gaetano Brunetti.
También le gustaba mucho la pintura y encargaba obras de forma regular a pintores como Luis Meléndez, Claude Joseph Vernet y Luis Paret. Pero sobre todos con Francisco de Goya al que nombre pintor de cámara en el año 1789.
SU MATRIMONIO CON MARÍA LUISA DE PARMA
Carlos IV le dijo a su padre que "una reina no podia engañarme porque no tiene otro rey cerca más que su esposo”, a lo que Carlos III no pudo aguantarse ante la simpleza del razonamiento de su hijo y le respondió “Carlos, Carlos, que tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío”
Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana María Luisa de Borbón Parma. Tuvo veinticuatro embarazos pero sólo tuvieron catorce hijos y siendo seis los que llegaron a adultos. Sus hijos son:
Carlos Clemente Antonio que vivió dos años y medio.
Carlota Joaquina que se casó con Juan VI de Portugal a la edad de diez años y que se convierte en reina a los diecisiete años al morir el primogénito. Enseguida fue odiada por el pueblo portugués. El rey mandó encerrarla por la conspiración que llegó a encabezar.
María Luisa Carlota que vivió cinco años.
María Amalia que fue casada con su tío Antonio Pascual de Borbón.
Carlos Domingo Eusebio, que vivió tres años.
María Luisa Josefina, que fue casada con Luis de Borbón-Parma, duque de Parma y rey de Etruria.
Carlos Francisco de Paula que vivió un año.
Felipe Francisco de Paula, que vivió un año.
Fernando, que acabó siendo rey con el título de Fernando VII.
Carlos María Isidro, conde de Molina, fundador del carlismo y pretendiente al trono de España, responsable de las guerras civiles que en su nombre y en el de sus sucesores padeció España durante los últimos tercios del siglo XIX.
María Isabel casa con su primo Francisco I de las Dos Sicilias.

Carlos IV vestido de cazador, por Goya
María Teresa, muere a los tres años como consecuencia de la viruela.
Felipe María Francisco que fallece a los dos años.
Francisco de Paula Antonio, casado con su sobrina, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias. Su primogénito, Francisco de Asís de Borbón, se casó con la reina Isabel II. Galdós lo retrata en los Episodios Nacionales como el padre “Puntillas” por sus afeminadas costumbres que tanto enervaban a Isabel II.
María Luisa de Parma era muy intrigante y carecía de toda discreción. Dominaba completamente al Rey, al que logró mantener apartado de la vida política, mientras ella asumía los asuntos de Estado por medio del válido Manuel Godoy.
El canónigo Escoiquiz describía así a María Luisa: “Una constitución ardiente y voluptuosa…. Y una sagacidad poco común para ganar los corazones que... le había de dar… un imperio decisivo sobre su joven esposo de carácter de Carlos, lleno de inocencia y aún de total ignorancia en materia de amor, criado como un novicio, de solo dieciséis años, de un corazón sencillo y recto y de una bondad que daba en el extremo de la flaqueza… A sus brillantes cualidades juntaba un corazón naturalmente vicioso incapaz de un verdadero cariño, un egoísmo extremado, una astucia refinada, una hipocresía y un disimulo increíbles y un talento que… dominado por sus pasiones, no se ocupaba más que en hallar medios de satisfacerlas y miraba como un tormento intolerable toda aplicación a cualquier asunto verdaderamente serio… obligándola a dar al favorito más inexperto las riendas del gobierno, siempre que él supiera aprovecharse del ascendiente absoluto que, a falta de amor, le daba el vicio sobre su alma corrompida”.
EL REINADO DE CARLOS IV

De caza. Godoy (izq.) y Carlos IV (centro) en el Real Sitio de Aranjuez
Carlos IV llega al poder el 14 de diciembre de 1788. El inicio del reinado coincide con una fuerte crisis económica. La administración se encontraba muy anquilosada y ponía en cuestión la política reformista llevada por Carlos III. A ello, hay que añadir, que en Francia se estaba produciendo “la revolución francesa”, que estaba cuestionando el funcionamiento del denominado Antiguo Régimen.
Ante los acontecimientos que se daban en Francia 1789-1791, el ministro Floridablanca tuvo una actitud muy vacilante, que le hizo no intervenir, al mismo tiempo que intentaba mantener a salvo de la ideología revolucionaria francesa, que se estaba extendiendo por toda Europa.
Ante el fracaso de Floridablanca, le sustituye el ministro Aranda que dirigía el partido aragonés. Pero la situación no mejora. Mientras en Francia se había proclamado la República.
Le sustituye Manuel Godoy, que debía todo lo que era a los reyes, por lo que su lealtad es total. Realiza algunas reformas con la finalidad de controlar el poder de la alta Nobleza. Para que no fuera cuestionado por su origen humilde, Carlos IV lo eleva a la más alta nobleza proclamándolo Grande de España.

Cristóbal TORAL según Francisco de GOYA, "Según La Familia de Carlos IV de España"; inspirado del cuadro original de Francisco de GOYA (1801), óleo sobre tela, 1974-1975
Godoy era odiado tanto por la nobleza, que no lo aceptaba, dado su origen humilde y tampoco por el pueblo que le odiaba por considerarlo el primer gran dictador de la era moderna, además por sus relaciones adúlteras con la Reina. Unió la política exterior española a la francesa que realizaba Napoleón Bonaparte. La principal oposición a Godoy provenía del partido aragonés que encabezaba Aranda y que enseguida contaron con el apoyo del príncipe de Asturias, el posterior Fernando VII, que se dedicaba a desprestigiar a Godoy y a sus padres con los cuales no se entendía.
LOS CUERNOS DE CARLOS IV
María Luisa de Parma mantenía una relación amorosa con Godoy desde antes de la muerte de Carlos III. Ella utilizó toda su influencia para hacer de Godoy el hombre más poderoso de la Corte.
Algunos historiadores han descartado la naturaleza sexual de las relaciones entre la reina María Luisa y Godoy, argumentando que el continuo ascenso de éste, es debido a la lealtad que demostró siempre hacia los reyes y a la escasa capacidad de acción política de la pareja real.
Sin embargo, parece claro que alguno de los catorce hijos que tuvo la Reina, lo eran también de Godoy.

Godoy. Cuadro de Francisco de Goya
María Luisa había comunicado a su confesor, Fray Juan de Almaráz “Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España”. Fray Juan de Almaráz escribió, el 8 de enero de 1819, la última confesión de María Luisa antes de morir, y que le transmitía “ninguno, ninguno de sus hijos e hijas, ninguno era del legitimo matrimonio, lo declaraba para descanso de su alma y que el Señor le perdonase”.
Al conocer Fernando VII está declaración, donde se ponía en cuestión su legitimidad, decidió encerrar a Fray Juan de Almaráz en el castillo de Peñíscola hasta su muerte. Si se hubiese confirmado lo dicho por la Reina María Luisa hubiese puesto en duda toda la legitimidad de los Borbones posteriores.
EXILIO Y MUERTE DE CARLOS IV

Retrato de Carlos IV, por Francisco de Goya, 1789. Museo del Prado
Tras el motín de Aranjuez, se produce la renuncia de Carlos IV a favor de Fernando VII. Carlos IV por orden de Napoleón se traslada a Francia donde se instala en el palacio de Compiegne en el cual permanecerá durante cuatro años. En el verano 1812, Napoleón permite que Carlos IV, su esposa y su séquito se trasladen a Roma instalándose en el palacio Borghese. Cuando se produce la derrota de Napoleón. Carlos IV sigue en Roma, pero se va a vivir al palacio de los Barberini durante cuatro años y lo hace gracias a la pensión que le pasa el rey Fernando VII.
María Luisa muere el uno de enero de 1819, postrada en la cama con las dos piernas rotas y una salud muy deteriorada. En esos momentos Carlos IV se encontraba en Nápoles, pero sufre un grave ataque de gota, que llevaba años padeciéndola y muere pocos días después que la reina el 19 de enero de 1819. Se encuentra enterrado en la cripta del Real Monasterio de El Escorial.

La reina ninfómana, Isabel II de España

Isabel nació, el diez de octubre de 1830, en Madrid. Su padre era Fernando VII y su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que era la cuarta esposa del rey y  además era su sobrina carnal. En sus tres anteriores matrimonios no había tenido descendencia. Después de tener a Isabel II tuvo otra hija, la infanta Luisa Fernanda, que nació en 1832.
Sube al trono cuando todavía no había cumplido los tres años. Esto se produjo por el fallecimiento del rey en 1833 y por no haber tenido hijos varones. Fernando VII promulgó antes de fallecer la Pragmática Sanción, por lo cual se derogaba la Ley Sálica, que impedía a las mujeres acceder al trono. Este hecho provocó la sublevación del infante Carlos María Isidro de Borbón, que era hermano de Fernando VII y en consecuencia heredero al trono de España.

Retrato de Isabel II con la princesa de Asturias, Isabel, niña, de Franz Xavier Winterhalter (Palacio Real).
Este hecho marcó para siempre el reinado de Isabel II, puesto que los absolutistas se agruparon en torno a los derechos dinásticos del infante Carlos María, provocando las conocidas tres guerras carlistas, que ensangrentaron al país a lo largo del siglo XIX.
Como no tenía Isabel II edad para reinar, fue nombrada como Regente su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que duró desde 1833 a 1840. A los dos meses de quedarse viuda y siendo ya regente en nombre de su hija tuvo un nuevo amante, Fernando Muñoz, que era sargento de la guardia real, dos años más joven que ella. A pesar de todos los intentos de ocultarla, fue en vano, pues cada año quedaba embarazada, lo que delataba ante la población una situación difícilmente justificable cuando seguía siendo viuda.
En las tabernas y conciliábulos del país se decía “La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”. Los carlistas enemigos de ella, popularizaron una copla alusiva:
Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñecones
Que liberales había!
Ante los escándalos que había en la Corte, hace que sea sustituida por el primer espadón de la época, el general Espartero, hasta que éste fue obligado a abandonar el cargo a mediados de 1843. Con la finalidad de evitar una tercera Regencia, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II a trece años.
SU EDUCACIÓN
La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre, a todo ello hay que unirle la ausencia de una  educación adecuada y de una preparación política para una persona destinada a ser Reina de España.
Su educación además dependía de los vaivenes políticos, como ocurrió en 1841 cuando se produce un cambio radical cambiando  al preceptor. A ello hay que unir que con trece años es nombrada Reina de España, podemos entender como  fue fácil presa de la manipulación partidista e interesada
Tampoco el poder político, ya fueran los progresistas o moderados, se preocuparon de preparar a Isabel II, pues todos partían del principio básico, de que cuanto más ignorante permaneciera, mejor resultaría servirse de ella y de su cargo.
El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores Salustiano Olózaga, hombre inteligente y que destacaba por su gran preparación jurídica. Recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.
Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III. Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos.
Isabel II tenía un carácter temperamental y apasionado, al mismo tiempo que mostraba una ardiente sensualidad probablemente heredada de su madre. Otro aspecto muy reseñable era su gran generosidad y su ánimo alegre y vivaraz, que hacía muy agradable su presencia.
Isabel II  se vio fácilmente manipulada por los intereses partidistas, tanto por sus familiares como por las camarillas cortesana y determinados políticos. Al mismo tiempo, se veía las dificultadles que tenía para cumplir de forma eficaz las funciones políticas que el sistema constitucional le confería.
De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones de Isabel II:
A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”.
Isabel II era una mujer con escasas cualidades intelectuales, como se puede comprobar en las Cartas que se conservan de la Reina en la Academia de la Historia de Madrid. podremos observar la simpleza de sus planteamientos.
SU MATRIMONIO
El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Este matrimonio se convierte no sólo en una cuestión de Estado sino en un problema europeo, pues lo que todos quieren es que no se rompa la actual situación de alianzas y equilibrios, que había en ese momento en Europa. Todos los países maniobran para que la nacionalidad del nuevo Rey no perjudicase sus alianzas e intereses.
Su madre María Cristina, plantea como marido al conde de Trapani, que era hermano de su madre y en consecuencia tío carnal. Francia plantea la candidatura del duque de Montpensier, que era hijo de Luis Felipe. También aspiraba el infante Enrique que era el segundo hijo de Francisco de Paula y de Luisa Carlota, hermana de su madre María Cristina, pero esta candidatura se vino abajo por su colaboración en el alzamiento carlista de Galicia.
Mientras sectores sociales españoles apoyan la idea de casarla con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro, el cual abdicó para facilitar el enlace, con lo que el problema dinástico se hubiera evitado, pero Isabel II no aceptó. Para ello contó con el apoyo de los liberales, y ahí está el origen de la segunda guerra carlista.
El general Narváez propuso a Francisco de Paula de las Dos Sicilias, conde de Trapani, pero este fue rechazo por los progresistas. La madre reina, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, propone a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que era pariente de la reina Victoria. Luis Felipe de Francia apoya la candidatura de cualquiera de sus dos hijos, Enrique de Orleans, duque de Aumale o de Antonio, duque de Montpensier, que acabó casándose con la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda de Borbón.
Se celebra la conferencia de Eu, donde tanto  Francia como Inglaterra renuncian a que sus candidatos se casasen con Isabel II, por lo que se opta por Francisco de Asís de Borbón, que era considerado un hombre apocado y de poco carácter, que no iba a interferir en la política
Francisco de Asís de Borbón, hijo del Infante Francisco de Paula y de Luisa Carlota, era además primo hermano de Isabel. Esta elección satisfacía a todos los sectores políticos del país, porque lo consideraban un personaje políticamente inocuo y además se fundían en una sola las dos ramas reales.
La boda se celebró en Madrid, el 10 de octubre de 1846, cuando Isabel cumplía dieciséis años, siendo una boda doble pues también se casó su hermana Luisa Fernando de Borbón, que tenía catorce años con el príncipe Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo menor de Luis Felipe I de Francia
La expresión que se oía esos días en España era: ¡Pobres niñas, condenadas a sendos matrimonios de conveniencia para salvar el trono!
Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio, le presionaron para que aceptara. Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.
Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”.
La presencia de Francisco de Asís enseguida levantó muchos dichos populares y se crearon numerosas coplas como la siguiente:
Isabelona / Tan frescachona / y don Paquita / tan mariquita
Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía.   Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres.   Esto producía constante separaciones.   Son conocidas, como determinadas personas debían intermediar entre la pareja regia, como fue el general Narváez,  el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret y hasta el mismo Papa, Pío IX
SUS AMANTES
La vida de Isabel II se basa en una fiesta continua. Se acostaba a las cinco de la mañana y se levantaba a las tres de la tarde. Este modo de vida levantaba fuertes críticas en la sociedad española.
El primer amante oficial fue el general Serrano a quien Isabel II le calificaba “el general bonito”, y producía un auténtico escándalo porque la reina lo perseguía por todos los cuarteles de Madrid. Llegó a tal nivel el escándalo, que el ejército decidió trasladarlo fuera de Madrid.
Otros amantes reconocidos son el cantante José Mirall, cuya voz entusiasmaba a la reina. El conocido compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, también Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma. Destaca el capitán José María Arana, conocido como ”el pollo Arana”, en esta relación hay una anécdota, que su marido Francisco de Asís, un día le dijo a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Lo ascendió a coronel y le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando.  Fruto de esa relación nació la infanta Isabel, que sería llamada popularmente la Araneja y también la Chata.
Otra relación también muy conocida fue con el capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó conocido como “el pollo real”, que fue el padre de Alfonso XII, al que llamaron puigmolteño. Se dice que un día hablando Isabel con su hijo Alfonso XII de dijo “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”.
Otro amante reconocido fue el general O´Donnell que había llegado al poder con la Vicalvarada, iniciándose un periodo histórico conocido como el bienio progresista, dirigido dicho gobierno por la Unión Liberal (1854-1856). O´Donnell se sintió atraído por Isabel II y ésta le respondía, cultivando un amor platónico, que aumenta su comprensión y confianza mutua. La diferencia de edad entre ambos, veintiún años no les importaba nada. Sin embargo, este entendimiento fue cambiando por la influencia conservadora, que ejercían sobre la Reina, el padre Claret y sor Patrocinio, conocida como la monja de las Llagas, que intentaban neutralizar las medidas liberales que el gobierno de O´Donnell tomaba sobre la Iglesia. Esto llevó, a que Isabel II humillara públicamente a O´Donnell, provocando su cese.
Cabe destacar la anécdota, de que en el año 1860, O´Donnell va a despedirse de Isabel II antes de iniciar una nueva guerra en Marruecos, la Reina le dice cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís que estaba presente, añadió “lo mismo te dijo O´Donnell, lo mismo te dijo”.
Otros amantes fueron el secretario Miguel Tenorio; el cantante Tirso Obregón; José de Murga y Reolid, marqués de Linares por concesión real; el gobernador de Madrid y posterior ministro de Ultramar, Carlos Marfori y Calleja, que le acompañará a París cuando se exilia por el triunfo de la Gloriosa de 1868. El capitán de artillería, José Ramón de la Puente.
Fruto de estas relaciones tuvo los siguientes hijos:
- El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.
- El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El Escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.
- El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.
- El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El Escorial, de padre desconocido.
- El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.
- El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido.
- El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó.   A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la Reina pregunto al médico que la atendía Tomás Eustaquio del Corral y Oña, si la criatura sería varón o hembra. Le contestó “Varón”, por ello y en señal de agradecimiento  le nombró marqués del Real Acierto.
- El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses, hija del rey consorte.
- En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.
- En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.
- En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.
- En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.
EL REY FRANCISCO DE ASÍS
Mientras todo esto sucedía su marido Francisco de Asís y Borbón tuvo un amigo de por vida, Antonio Ramón Meneses, con el que convivió toda su vida. Ante los continuos amantes de Isabel II, los asumió con naturalidad. Por el reconocimiento de la paternidad de los hijos de Isabel II, recibía a cambio un millón de reales por hacer la presentación de cada uno de ellos.
Como dice Isabel Burdiel “casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono”.
Una copla popular decía de Francisco de Asís:
Gran problema es en las Cortes
Averiguar si el consorte
Cuando acude al excusado
Mea de pie o mea sentado
Destacaba por su capacidad de intrigar en las Cortes, su gusto por las conspiraciones, su tendencia a clericalizar el juego político mediante el apoyo a personajes oscuros de la Iglesia.   Debe destacarse el papel del confesor del rey, el padre Fulgencio y de sor Patrocinio, que ejercieron una nefasta influencia en las relaciones entre ambos cónyuges.
Francisco de Asís prefería el palacio segoviano de Rio Frío a la cercanía de su esposa en el Palacio Real de Madrid.    Ya en el exilio se instaló en Epinay retirado de la vida pública y dedicado a su afición a los libros y al coleccionismo de obras de arte, hasta que muere en 1902, dos años antes que la Reina
EL FINAL DE ISABEL II
El 28 de septiembre de 1868, se produce el levantamiento de la Gloriosa, encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete que contó con un gran apoyo popular que cantaban el himno de Riego y gritaban ¡Mueran los Borbones! Y que en algunos momentos se convirtió en ¡Mueran los bribones!. Esto supuso la salida de Isabel II al exilio de París. Desde él, no dejó de conspirar e hizo todo lo posible para que su hijo Alfonso XII recuperara el trono, como así sucedió en el año 1874.
Isabel II muere el 16 de abril de 1904. El historiador conservador José Luis Comellas hace un retrato de Isabel II “Desenvuelta, castiza, plena de espontaneidad y majeza, en la que el humor y el rasgo amable se mezclan con la chabacanería y con la ordinariez, apasionada por la España cuya secular corona ceñía y también por sus amantes".
El escritor Valle Inclán en su obra “la corte de los milagros“ hace la siguiente descripción: “La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, encendidos los ojos del sueño, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos”.
Ya al final de su vida, Isabel II, en una entrevista con el escritor Benito Pérez Galdós le decía: “¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freo a mi voluntad, con  todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo? Póngase en mi caso…
Así describia Pérez Galdós a Isabel II en 1902. “El reinado de Isabel II se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro, sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano”.
Para Isabel Burdiel “Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada. Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era habitual entre la aristocracia y la realeza de la época”. Sin embargo, para mí si fue una ninfómana y no valen excusas de justificación.
NOTA EXPLICATIVA
Tras la caída de la reina Isabel II y su posterior exilio a Francia, los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo Bécquer el poeta y Valeriano Domínguez Bécquer, firmaban bajo el pseudónimo de SEM, la obra “Los Borbones en pelotas” realizada entre los años 1868-1869, una serie de acuarelas de amplio contenido satírico y pornográfico
Esta obra consta de 107 originales, que nunca fue publicada pero circuló de forma clandestina. Esta obra fue descubierta en 1986 pero solo se conservan 89 ilustraciones. Todas las ilustraciones menos la primera corresponden a esta obra de los hermanos Bécquer

BIBLIOGRAFIA
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Burdiel, Isabel.  “Isabel II: un perfil inacabado”. 1998.
Burdiel, Isabel. “Isabel II. NO se puede gobernar inocentemente”. Espasa Calpe. Madrid. 2004.
Comellas, José Luis. “Isabel II. Una reina y un reinado”. Ariel, Barcelona. 1999.
José Luis, Comellas. “Política y administración de la España isabelina”. Narcea. Madrid. 1972.
Espadas Burgos, Manuel. “La España de Isabel II”. Historia 16. Madrid. 2004.
Fayanás Escuer,  Edmundo. “Isabelle II.Nymphomane couronnée”. Histoire point de vue, nº16.   Diciembre de 2013.  París.
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González Doria, Fernando.  “Memorias de Isabel II”. Bitácora.  Madrid. 2010.
Granados Loureda, Juan Antonio. “Breve historia de los Borbones”. Ediciones Nowtilus. 2010.
Llorca, Carmen. “Isabel II y su tiempo”. Istmo. Alcoy. 1984.
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